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La empatía, una cualidad que cobra fuerza

A principio de este año, en el marco de su reunión anual en Davos, investigadores del Foro Económico Mundial pronosticaron que los trabajadores perderán unos cinco millones de empleos antes de 2020, que pasarán a ser realizados mediante robots.

En este contexto, delinearon algunas de las habilidades sociales o blandas que las personas debemos desarrollar para tener un lugar en los empleos del futuro: buena comunicación, resiliencia y empatía son tres de las principales.

Pero empatía no está en la currícula de ninguna carrera, al menos por ahora. Y aunque no se estudia, y a algunos les es más natural que a otros, se puede ejercitar: estar más atentos al entorno, mejorar la escucha y ponerse en el lugar del otro son los tres pasos principales para hacerlo.

Hace un tiempo hablamos desde este espacio de la escucha activa y del concepto de ser trampolines o ser esponjas en nuestro modo de escuchar, conceptos que proponen Zenker y Folkman, dos economistas que estudian tipos de interacciones en el ámbito empresarial. Como esponjas absorbemos lo que escuchamos, en silencio, lo que nos gusta o no, sin generar ningún lazo con el que habla ni con lo que dice, más que corregirlo. Como trampolines somos plataformas en las que las ideas de los demás pueden saltar, balancearse, tomar envión y enriquecerse. De esta manera logramos empatizar con la persona y su discurso. Abrirse a una escucha activa que no busca anticiparse, sino entender y ayudar, es un ejercicio que impulsa la empatía.

Ponerse en el lugar de los demás es algo que oímos tanto y que ejercitamos tan poco. Un gran proyecto para aprender a hacerlo es Enotroszapetos.org, perteneciente al Laboratorio de Ideas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Un proyecto del BID para hablar de diversidad que es #EnOtrosZapatos (EOZ) con foco en toda América latina y un propósito: fomentar la empatía como valor. EOZ se estructura a partir de siete historias de personajes que representan a minorías construidas sobre la base de hechos y datos reales. Cada una de ellas, con cerca de ocho finales posibles, que el usuario va eligiendo para vivir de manera audiovisual y lúdica desde el celu o una computadora.

Dentro de las reacciones concretas que generó esta página, en Colombia, un profesor propuso EOZ como ejercicio de clase para abordar un caso severo de bullying a una alumna lesbiana. Todo el curso recorrió la historia de una chica lesbiana por varios días. Luego de esto, la relación entre ella y sus compañeros mejoró notablemente y ella misma relató en la plataforma el cambio que esto supuso para su vida. Ahora se está trabajando en la octava historia en conjunto con la Procuración Penitenciaria de la Nación Argentina, sobre una mujer privada de su libertad.

Otro ejercicio interesante propone Clayton Christensen, que en su libro El ADN de los innovadores habla de hacer un zoom in sobre las cosas de todos los días. Se refiere a contemplar el trabajo diario desde la mirada de cada una de las personas que conforman el ecosistema que se habita. Cuenta allí el caso del director de una clínica que visitó la institución durante un mes con los ojos de un paciente, del familiar de un enfermo terminal, de una enfermera que se quiere jubilar, del médico estrella, de un proveedor de insumos, un visitador médico, un pintor, una mujer que quiere ingresar por su voluntad para combatir una adicción, entre otros. Ponerse en el lugar de los otros le permitió redescubrir su institución e, inmediatamente, pensar decenas de cambios y mejoras.

Escribiendo esto me acordé de una canción de León Gieco que dice: “Por lo general, a la gente si no le pasa no siente”. Ojalá podamos intentar algo de todo lo de arriba, sin llegar a tener que estar obligados a hacerlo.

Fuente: La Nación

El motor de nuestras motivaciones

La dupla de Lucas y Mariano ganó el concurso de innovación en marketing del que participaron equipos de todo el mundo en una empresa alimenticia. Lucas, que esperaba una ovación de sus colegas y la confirmación de su traslado a las oficinas de México, se sintió frustrado al ver que sólo dos o tres lo felicitaran y que su jefe parecía no darle mayor importancia que la de un “proyectito interno”. Mariano quedó satisfecho. El tema de su proyecto lo apasionaba y, apenas se enteró del reconocimiento, pensó en cómo escalarlo hacia un producto que saliera al mercado. Describió su experiencia en el blog corporativo invitando a que todos los que tuvieran ganas de explorar una pasión lo hicieran a través del concurso que a él le había cambiado sus últimos seis meses de trabajo.

No todos tenemos las mismas motivaciones. No hay buenas o malas, pero su origen marcan la manera en la que experimentamos alcanzar nuestras metas. El origen de nuestras motivaciones es una de las ideas que explora en su libro Drive el experto en comportamiento Daniel Pink. Para hacerlo introduce los conceptos de personas Tipo X, con motivaciones extrínsecas, y Tipo I, de motivaciones intrínsecas. Las personas con motivaciones tipo X son movidas más por las recompensas externas que por la satisfacción inherente a lo que hacen. En el opuesto, las personas del tipo I se mueven y motivan por un propósito, un deseo de trascendencia o de hacer algo que valga la pena.

Las motivaciones extrínsecas no dependen de nosotros y esto presenta varios problemas. Pink utiliza la idea del hombre corriendo la zanahoria atada en la punta de un palo y dice que apostar a las motivaciones extrínsecas termina apagando las motivaciones internas, disminuye nuestra performance, destroza la creatividad, puede tentar malas conductas y atajos poco éticos, volverse adictivas y generar un pensamiento cortoplacista.

Y ninguno de nosotros es ciento por ciento sólo de uno de estos modos, pero si nos ponemos a analizar a nuestro alrededor y nuestros propios casos, no es difícil encontrar patrones para ponernos de un lado o del otro. Esto no significa que los tipo X nieguen la satisfacción inherente de eso que hacen, o que el tipo I niegue los beneficios que vienen del exterior. Pero para el tipo X la mayor recompensa es la externa y la satisfacción íntima es bienvenida, pero secundaria, y para el tipo I el principal motivador es la libertad, el desafío, el propósito que subyace en la tarea, y los premios son celebrados, pero sólo como un bonus.

Tipo I se hace, no se nace. Esta motivación surge de las circunstancias, del contexto y de la experiencia. Algunas de sus características, según Pink:

En el largo plazo rinde más. Alcanza más y mejores metas que el tipo X motivado por los premios externos, aunque no es siempre así en el corto plazo. Un foco fuerte en premios externos puede dar resultados consistentes y rápidos, pero es difícil de sostener. La gente más exitosa no es la que está persiguiendo las nociones típicas de éxito. Trabajan duro, persistiendo ante las dificultades y en una búsqueda de resultados que duren en el tiempo.

El valor del dinero y el reconocimiento importa, pero no es el fin. Tanto a las personas tipo X como tipo I les interesa ganar dinero por su trabajo. Lo mismo ocurre con el reconocimiento. A los tipos I les gusta ser reconocidos, porque es un tipo de feedback, pero para los X es un fin en si mismo. Lo hacen para recibir la palmada en la espalda, en casa, con los amigos, en el trabajo.

Fuente renovable de energías y bienestar. Abundan los estudios científicos que sostienen que las personas orientadas a mayor autonomía y propósito tienen más autoestima, mejores relaciones interpersonales y bienestar personal que los tipo X. Las motivaciones del tipo I suelen estar ligadas a algo que nos trasciende, pero se las subestima por “blanditas” o idealistas, pero la ciencia dice lo contrario. En épocas de súper avance tecnológico, el propósito, la pasión y motivación son un diferencial que puede marcar nuestro “éxito” como personas.

Fuenta: La Nación

Divergir antes de converger para mejorar el trabajo en equipo

Cuando hablamos de colaboración en el trabajo salen pronto palabras como trabajo en equipo, consenso, buena predisposición, pero poco se habla del conflicto y el desacuerdo. Mientras leo sobre el tema pienso en cuánto me cuesta confrontar, me genera angustia y rechazo. Aprendí, o me enseñaron, que la colaboración y el conflicto son opuestos. Cuando hablamos de teamwork o trabajo en equipo tenemos un imaginario tan idílico como irreal. Como equipo todos tiramos para el mismo lado, remamos en el mismo bote, ideas que me generan más dudas que certezas.

Estas imágenes falsas son como una apuesta por “falsos acuerdos” que generan frustración y quita las ganas de comprometerse con el proyecto. Como dice el filósofo Walter Lippman: “Si todos pensamos parecido, nadie está pensando mucho”. Liane Davey, escritora best seller del New York Times, autora de Inspire Your #Team to Grow Up, Get Along, & Get Stuff Done -algo así como Inspirá a tu equipo, que crezca, que trabaje solo y que haga lo que hay que hacer-, nada más ni nada menos, comparte en su libro tres ejercicios para acercarnos a lo que denomina el conflicto productivo basado en: roles, personalidades y reglas de disenso.

Primero, propone discutir e identificar los diferentes roles en el equipo y destacar lo que cada uno le aportará a la conversación: un ejemplo, en una reunión entre gente de ventas y de producción, la persona de producción lucha por mayor estandarización, control y eficiencia. La de ventas defiende varios contrarios: más flexibilidad, personalización y agilidad. Estas posturas los llevarán a chocar en busca de una solución óptima.

A medida que se trabaja con el equipo en este ejercicio -si tienen una acertada composición-empezarán a darse cuenta de que estarán luchando entre ellos por las ideas y no porque el del otro lado sea un idiota tratando de molestar. El desacuerdo tiene que ver con la búsqueda de resultados, a priori, opuestos. Dar el tiempo necesario para expresar y normalizar las tensiones que las personas experimentan los libera en ese tiempo de tirar, empujar, aflojar y pelear hasta encontrar la mejor respuesta.

Segunda propuesta: trabajar desde las diferencias de personalidad y estilos. Aquí hay que explorar las tensiones que se pueden generar por la personalidad efusiva, retraída, conciliadora, peleadora, egocéntrica, y tantas características posibles. En este caso se debe velar porque los miembros del equipo con perspectivas minoritarias logren alzar la voz cuando el pensamiento del equipo empiece a dar vueltas sin salida y en loop sobre un tema.

Y la tercera propuesta es la de establecer las reglas básicas para el disenso. Se debe trabajar con el equipo para acordar y establecer reglas para contribuir al conflicto productivo. Por ejemplo, qué tipo de conflicto ayudará a tomar decisiones y construir confianza versus el que generará broncas y rechazos entre los roles y temas a resolver. A algunos equipos puede servirle la archi conocida técnica de Los seis sombreros, de DeBono, en la que cada miembro del equipo entrega una perspectiva específica, por ejemplo la mirada lógica, la creativa, la provocativa, la pesimista, todas en pos de dar nueva luz sobre viejas trabas. Otros pueden optar por un “presidente” rotativo de la reunión, encargado de administrar y provocar las divergencias entre las posturas.

Más allá de estas tres técnicas, según Davey, hay que garantizar un ambiente seguro en el que las personas sientan permiso para hablar. Pero no sólo permiso, sino velar por hacer del conflicto productivo una obligación. Con respeto, claro, y en busca de las mejores soluciones e ideas. Porque para maximizar el beneficio de la colaboración se necesita divergir antes de converger.

Fuente: La Nación

Guía para ahorrar en (casi) todo

Es imposible no quedarte pensando en cuánto dinero derrochaste en los últimos meses eligiendo tal corte de carne para las milanesas o comprando artículos de limpieza en el súper, o en ese pasaje que sacaste sobre la fecha o en la renovación de tu tarjeta, luego de toparte con el reciente libro del periodista especializado en consumo Mariano Gorodisch: Saber comprar, los consejos de Economan, más de 100 maneras de ahorrar con inteligencia. Es una guía muy práctica que promete el ABC de un ahorrador serial desde que se levanta hasta que se acuesta. “La gente suele trabajar más porque la plata no le alcanza, cuando en realidad no hay que ganar más, sino gastar mejor, ser un consumidor más racional y no un derrochador serial”, dice el autor que con una cuota de humor, pero también con conocimiento del mercado, te deja pensando en los gastos de todos los días. Aquí, algunos de sus consejos:

Cómo ahorrar nafta. Si vivís fuera de ciudad de Buenos Aires, pero trabajás allí, o viceversa; conviene cargar nafta en Capital, que es más barata que pasando la General Paz. Asegurate de tener los neumáticos bien inflados: si estos se encuentran un poco desinflados, van a ejercer mayor resistencia y el motor requerirá mayor potencia, lo que demanda mayor cantidad de nafta. Tampoco abras mucho las ventanillas. Si vas a más de 100 kilómetros por hora con las ventanillas bajas, te supone un gasto extra de nafta del 5%. Si el coche está parado por más de un minuto porque hay una congestión de tránsito, te conviene apagar el motor, porque consume medio litro de nafta por hora aunque el auto esté sin andar. Por otra parte, sacá del baúl lo que no necesites. Por cada 100 kilos de peso adicional, el consumo de nafta o gasoil se incrementa un 7%.

Cómo ahorrar en comisiones bancarias. Ahora, las cajas de ahorro y las tarjetas de débito son gratuitas. Tampoco tienen costos las transferencias por cajero o homebanking hechas por personas físicas. Pero para no pagar nada, primero hay que darse de baja si se tiene algún tipo de paquete de productos y conservar la caja de ahorro vieja, o abrir una caja nueva en otro banco sin cargo. Para abrir una cuenta corriente, por ejemplo, siempre piden un informe Veraz o similar. “Al ser gratuita la caja de ahorro, con la posibilidad de abrirse libremente en el banco que se desee, será fácil migrar de un banco a otro que ofrezca mejores condiciones. De este modo, el BCRA apunta a fomentar la competencia entre bancos”, explica Gorodisch.

Cómo ahorrar en el cajero automático. Hay que tener en cuenta que si se extrae dinero de otro banco, aunque sea de la misma red, el costo es de $ 20 cada extracción. Tener una tarjeta de crédito sale más de $ 100 por mes, entre renovación y mantenimiento de cuenta, ya que a todos los precios informados hay que agregarle el 21 % del IVA. Para tomar un ejemplo de un banco de primera línea, la renovación anual sale $ 540, pero si se trata de un plástico internacional trepa a $ 830, una gold a $ 1810, una platinum a $ 2590. Los que se llevan las de ganar son los tarjetahabientes de las cuentas sueldo, que lo suelen tener bonificado. Con las tarjetas de débito hay que cuidarlas, porque la reposición por hurto, robo o extravío se cobra más de $ 50; mientras ahora, con los nuevos aumentos, una caja de ahorro en dólares pasa a salir más de $ 200.

Ahorrar en el súper. Una tentación a evitar son los productos que están en las punteras de góndola y a la altura de los ojos, donde suelen estar las primeras marcas, que le pagan al supermercado por ese lugar estratégico. En la parte de abajo suelen estar las segundas marcas, mucho más baratas, y en varios casos hasta producidas por primeras marcas. No ir con hambre a hacer las compras para evitar la tentación con los salamines, quesos y delicias dulces colocadas estratégicamente. Hasta leer el libro caía siempre en esta trampa. Vamos a ver cómo me va en mi próxima recorrida con el changuito.

Fuente: La Nación

El doble poder del contacto visual

Mirar a otro a los ojos. Algo tan cotidiano como poderoso. ¿Cuánto está bien? ¿Cuánto es poco o mucho? La línea que divide entre una mirada escurridiza y una intensa es delgada. Me cuesta mantener la mirada en los ojos de otro y, contra mi voluntad, me escapo de ese espacio que encuentro íntimo y un tanto intimidante. ¿Les pasa? Tratando de entender esta conducta, di con varios estudios que muestran cómo mirar a otro a los ojos, o no hacerlo, tiene múltiples implicancias. Un estudio publicado en el Journal Cognition demuestra que a veces cuando hacemos contacto visual se hackea al cerebro, y hace que sea más difícil hacer foco en cosas simples como hablar.

En el estudio del Departamento de Psicología Cognitiva y Educación de la Universidad de Kyoto, sus autores, Shogo Kajimura y Michio Naumra, trabajaron con 26 personas en un juego de palabras en el que les daban verbos que correspondían a ciertos sustantivos (por ejemplo, al escuchar agua decían hierve). Al contestar, debían hacerlo mirando una pantalla con caras, en algunos casos con personas mirándolos directo a los ojos y otras, con personas mirando a los costados.

Entre las rondas de test se mezclaron tareas con menor y mayor dificultad de conexión dada por las palabras que se elegían. Por ejemplo, leche era muy fácil de conectar y linkear con tomar, pero para lista eran menos obvias y más diversas las opciones. Según los resultados, les había llevado más tiempo contestar a los que estaban haciendo contacto visual, pero sólo cuando era más complejo o poco obvio el verbo que le correspondía al sustantivo.

Esto demuestra que el contacto visual al hablar no interfiere directamente con procesos ligados a la generación de verbos, sino que consume nuestros recursos más generales cognitivos, los que usamos para dibujar o hablar y que se hace más difícil usarlos si estamos lidiando con algo específico, como el contacto visual. Por eso, cuanto más complicada sea la historia que contamos, dicen, más probable que necesitemos romper con el contacto visual. Mejor retirar un poco la vista y pasar por tímido, antes que tropezar con nuestras propias palabras.

En ámbitos laborales hacer demasiado contacto visual puede percibirse como una intención de dominación o intimidación. En el otro extremo, en el análisis de reclamos en un hospital, se encontró que nueve de cada diez quejas incluían la mención de “poco contacto visual” del profesional con el paciente interpretado como falta de respeto y de cuidado. El tiempo justo de contacto, ese período mágico que produce mutua confianza y bienestar, varía tanto como las situaciones, culturas y personalidades. Como regla general, dicen los investigadores, debería haber entre un 30 y 60% de mirada mutua, más cuando se escucha, menos cuando se habla, para generar una atmósfera productiva y confortable. Y lleva 3,3 segundos que el contacto visual cambie de amigable a raro.

Otro estudio de la Universidad de Cambridge, Eye Contact Increases Resistance to Persuasion, asegura que cuando se sostiene la mirada por demasiado tiempo puede generar mayor resistencia del que escucha. Y, contrariamente a lo que se cree, el contacto visual extendido puede ser la marca de alguien que está contando una gran mentira. Unos datos más: produce un poderoso pero subconsciente sentido de conexión, aún en miradas dibujadas o fotografiadas. Reducimos el contacto cuando hablamos de temas que nos avergüenzan, cuando estamos tristes o evocamos pensamientos o emociones. Y lo incrementamos con gente que nos gusta, admiramos o que tienen poder sobre nosotros. Las mujeres miramos más a los que nos hablan que los hombres, por eso preferimos conversaciones cara a cara.

¿Quién se anima a mantener el próximo cara a cara con toda esta información sobre el poder de nuestra mirada? Voy a hacer algunos ensayitos en casa antes de salir a mirar.

 

Fuente: La Nacion Revista

Las trabacaciones

Nuevos modos de trabajo y descanso, una respuesta a estos tiempos

Muchos están a punto de empezar un descanso muy esperado, mientras que otros deciden tirar esos dos semanas de vacaciones para adelante cuando los precios permitan hacer más planes. El tiempo de descanso, especialmente cuando se trabaja en relación de dependencia, suele ser poco para las ganas y necesidad de tener más días libres al año.

Dentro de una tendencia global, el manejo del tiempo y la cantidad de días libres crece como incentivo para elegir trabajos. Por eso, están surgiendo opciones híbridas que combinan relax y conexión y permiten ampliar las tradicionales dos o tres semanas de vacaciones al año por modelos que responden a nuevas búsquedas. Y no, no es que las corporaciones tengan un ataque de bondad. Hay cada vez más evidencia científica que muestra que cuando los empleados no dedican el tiempo suficiente a su esfera personal, esto inhibe el crecimiento personal e implica un desaceleramiento del crecimiento profesional.

Una tendencia de autogestión de vacaciones se refiere al hecho de combinar o completar el trabajo con los períodos de descanso. Es lo que se conoce como trabacaciones (workcation), que surge para darle un marco más transparente a algo que muchos hacemos que es trabajar durante nuestro tiempo libre. Se trata de tener más días fuera de la oficina (idealmente de viaje) que incluye la obligación de trabajar durante algunas horas (con la retribución que esto implica).

La fórmula de los que más aprovechan esta tendencia es: trabajar desde bien temprano hasta el mediodía y disfrutar la tarde y noche, elegir destinos o escapadas que permitan la conexión por Internet y ser claros con la familia y con la oficina sobre el cronograma que se seguirá para lograr este balance.

Con planes más maduros, compañías como Adobe Systems ya brindan años sabáticos por cada diez de permanencia en la empresa y Boston Consulting Group otorga a los profesionales que llevan en la consultora a partir de cinco años un período de ocho semanas para “reflexionar”. Uno de los CEO más innovadores del mundo no podía quedar afuera de esta movida: Vacaciones cuando quieras es el lema de Richard Branson, fundador de Virgin America, que invita a sus empleados a decidir tiempo de vacaciones sin tener que pedir permiso, Netflix tiene un plan similar. Esta autogestión es más posible y puede ofrecerse en puestos donde sea fácil establecer objetivos y sea posible medir los resultados, como es el caso de aquellas empresas en las que se trabaja por proyectos.

El último modelo de recompensa temporal es el que se conoce como Me days o Me time (tiempo para mí), y que significa ofrecer días libres pagos extra para descanso o desarrollo personal, según se elija. En LinkedIn se los llama los InDays.

Lo que parece una respuesta a estos tiempos puede también estar escondiendo un exceso del empleador. El Families and Work Institute sigue esta tendencia en los EE. UU., donde los empleados se toman cada vez menos vacaciones por tener mucho trabajo. Este tipo de propuestas sirven si agregan tiempo de descanso combinado con momentos de trabajo pautados, pero sin sustituir las vacaciones legales ni validar excesos donde se pretende que el empleado esté las 24 horas alcanzable.

La delegación sindical de Volkswagen en Alemania impulsó una regulación para favorecer que, durante unas horas al día, los trabajadores dejaran de recibir e-mails o llamadas telefónicas relacionados con el trabajo. También el comité de empresa de BMW ha reconocido el derecho de los empleados a permanecer inaccesibles, por e-mail o teléfono móvil, fuera de su horario laboral, o a compensar esa disponibilidad con tiempo libre adicional.

APLICACIONES PARA ARMAR LAS VALIJAS

Cómo conseguir las mejores opciones en aéreos sin perder tiempo

 

Encontrar el mejor precio en un pasaje de avión puede ser un proceso confuso y frustrante. Las tarifas no son del todo transparentes y fluctúan más que casi cualquier otra cosa que se pueda comprar. Además, los pasajes de avión suelen ser de los gastos más grandes que una familia promedio suele hacer. Saber cuál es el mejor día del mes para sacar el pasaje aéreo más conveniente ya es posible sin pasar largas horas visitando decenas de páginas web y haciendo comparaciones de precio que te dejan mareado. Cada vez hay más aplicaciones y servicios que ayudan a ahorran mucho tiempo y dinero con alertas que llegan al celu de los usuarios. Aquí, una selección:

  • Hopper, lanzada en 2015, cuenta con 10 millones de usuarios alrededor del mundo y ayuda con predicciones en los precios de los pasajes con notificaciones acerca de cuándo es el momento oportuno para comprar el ticket más barato. Lo hace mediante una combinación de algoritmos predictivos, Big Data de información histórica e inteligencia artificial y análisis diario de más de ocho millones de tarifas y prometen entregar respuestas con un 95% de exactitud. Se descarga gratis para Android e iOs y el calendario codificado por colores hace fácil identificar las mejores fechas para viajar.
  • La app de Despegar.com, además de cotizar vuelos y ordenar por precio o por escalas como casi todas las empresas de ecommerce de turismo, muestra carteles con opciones más económicas en fechas cercanas a la ingresada. Así, si tenés cierta movilidad con las fechas, se pueden conseguir precios más económicos.
  • Google Flights es un servicio dentro del buscador de Google que permite buscar, cotizar y comparar vuelos. Además, tiene un sistema de alertas para encontrar los mejores precios de la búsqueda deseada. Lo interesante es que al ser de la familia Google retroalimenta al resto de los productos. Entonces, por ejemplo, al comprar un pasaje o reservarlo queda replicado en Google Trips con todo tipo de información relacionada al destino elegido y en el calendario, entre otros servicios.
  • Almundo.com tiene en la parte inferior del sitio lugares sugeridos con precios en oferta. En cada destino hay un calendario con salidas y regresos sugeridos para llegar al precio mínimo.

En la actualidad, todas las opciones de comercio online de pasajes (entre ellas Despegar, Almundo, Avantrip, TurismoCity, Trivago) ofrecen filtros que permiten ordenar por precio, escalas, fechas. Es importante mirar los precios finales luego de los impuestos, un número que suele ser más pequeño que el que primero nos encandila en la búsqueda. También ayuda mucho en tiempo y ahorro de dinero suscribirse a los newsletters de las aerolíneas para conocer las promociones y navegar en “modo incógnito” para evitar que las webs dispongan de datos que pudieran servir para modificar los precios que se muestran.

En formato de blog, en promociones-aereas.com.ar y a través de la cuenta de Twitter @PromosAereasAR se pueden seguir las ofertas de cada aerolínea y las promociones por fechas, como Black Friday o CyberMonday. Hay información detallada para aprovechar ofertas que suelen durar algunos días y que no siempre están a simple vista en las páginas de las aerolíneas o empresas de turismo.

¿Un truquito más? Considerá viajar a aeropuertos alternativos cercanos que pueden tener tarifas menores, pero chequeá qué tan lejos está del destino final para que la diferencia no se vaya en taxi. Y siempre es buena idea pasar por el blog sirchandler.com.ar para ver muy buenos consejos sobre escalas, anécdotas de viajero frecuente y los secretos de cada aerolínea. ¿Ya están todos armando la valija con el tiempo que les sobró? Yo no veo la hora.

CONTRA LOS SÍ CRIMINALES

¿Existe alguna manera más efectiva que otra de decir que no?

Hace un par de domingos, desde su columna, Sergio Sinay escribía sobre la importancia de saber decir que no. “Cuando el no se calla para evitar problemas, se transforma en fuente de nuevas dificultades. El sí fácil puede deberse al deseo de agradar, a la necesidad de ser querido, a no poder sostener argumentos, a evitar compromisos y hasta a la pereza mental. Cuando existe el no, el mismo sí deja de ser un reflejo automático”, describía, entre otros conceptos.

Su columna me llevó a pensar en la cantidad de veces que dije sí este año, que terminaron hiriendo a otros sí previamente asumidos y, especialmente, en cómo afectaron mi búsqueda de equilibrio entre el trabajo, descanso y tiempo creativo. Y recordé dos frases que me dijeron sendos amigos en los últimos días: “Basta de sí criminales, Martina” y “sabe decir que no te da poder”. Entonces me puse a investigar. ¿Existe alguna manera más efectiva que otra de decir que no? De acuerdo con distintos estudios científicos, sí.

En un estudio publicado en el Journal of Consumer Research, se demostró la gran diferencia que percibimos si contestamos a algo que no podemos hacerlo, o si contestamos directamente que no lo haremos. En el primer ejemplo se dividió en dos un grupo de 120 estudiantes. Ante la propuesta de aceptar un helado la mitad debía contestar no puedo comer helado y la otra mitad, no como helado. Luego de esto contestaron un cuestionario no relacionado con el estudio (para desorientarlos), y al salir de la sala se les ofrecía como agradecimiento un chocolate o una barra de cereal.

Lo que pasó fue que los estudiantes que contestaron no puedo comer… eligieron de premio comer el chocolate en un 61 por ciento de los casos. Mientras que los que contestaron no como helado sólo eligieron los chocolates en un 35 por ciento de los casos.

Un segundo estudio de los mismos investigadores trabajó con 30 mujeres, divividas en 3 grupos de 10, a las que se les pidió que pensaran en un objetivo a largo plazo referido a ejercicio físico y bienestar y las dividieron en tres grupos de 10. Al grupo 1 se le pidió que si se veían tentadas a abandonar el ejercicio, simplemente dijeron que no. Al segundo grupo se le pidió que ante la tentación contestaran no puedo perderme mi ejercicio, y al tercero, que la respuesta fuera no me salteo mi ejercicio. Luego de 10 días de prueba del grupo 1, tres mujeres cumplieron con los 10 días de entrenamiento. Del grupo 2 sólo una cumplió la rutina y del tercer grupo (las que contestaban yo no me pierdo mi ejercicio) 8 lo cumplieron completo.

Una de las conclusiones fue que las palabras que usamos no sólo sirven para tomar una decisión puntual, sino para alcanzar objetivos a largo plazo. Las palabras que usamos crean un feedback en loop que llega a nuestro cerebro. En el caso de contestar no puedo, el feedback que se repite es de limitación. La terminología indica que nos forzamos a hacer algo que no queremos. En cambio, con el yo no lo hago la respuesta genera una sensación de control y poder sobre la situación. Es el tipo de frases que funcionan para crear nuevos hábitos hacia lo que se quiere lograr. Algo que nos reafirma en lo que soymás que en lo que hago. Esos no alcanzan su máximo poder cuando para decirlos tenemos que dialogar con nosotros mismos. Y la manera en la que los decimos es tan poderosa que nos deja como la víctima de nuestras palabras o como los arquitectos de nuestras decisiones.

#ExpertosZonaJobs – ¿ES IMPORTANTE EL LENGUAJE NO VERBAL?

Hoy en la serie de #ExpertosZonaJobs conocemos a Samanta Capurro, consultora especializada en marca empleadora que nos habló de la importancia del lenguaje no verbal durante entrevistas y la manifestación de nuestra corporeidad a la hora de transmitir de manera efectiva lo que queremos contar.  

Entrevista completa:  #ExpertosZonaJobs – ¿Es importante el lenguaje no verbal?