Agendar intervalos como motor creativo

Estamos acostumbrados a marcar en nuestros calendarios las reuniones, los encuentros con amigos, la visita al médico o hasta el turno para las vacunas del perro. Pero, ¿alguien agenda los tiempos entre tareas? Agendar el no hacer puede ayudarnos con nuestras rutinas creativas y a encontrar mejores soluciones a los temas de todos los días.

Tres investigadores de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia demostraron cómo influye el tiempo entre tareas en la calidad de su resultado final. En el paper Switching on creativity: Task switching can increase creativity by reducing cognitive fixation despliegan distintos experimentos que hicieron con grupos a los que les asignaban tareas creativas. De hecho vamos a intentar uno acá: suponé que tenés dos problemas creativos por resolver. ¿Cómo usarías tu tiempo?

A) Usás la mitad de tu tiempo para resolver el primero, y la segunda mitad para resolver el segundo.

B) Vas cambiando entre ambos problemas con intervalos definidos antes de comenzar, por ejemplo, cada cinco minutos.

C) Cambiás entre ambos problemas en los momentos en los que te parece adecuado.

¿Por qué no funciona la tercera opción? Cuando nos enfrentamos a problemas que requieren creatividad, usualmente nos encontramos con estanques creativos sin darnos cuenta, y eso es tiempo perdido en el que empezamos a girar entre los mismos conceptos. Así, la creatividad se vuelve un tanto estéril. No somos capaces de darnos cuenta cuándo es tiempo de seguir adelante. Por el contrario, cambiar regularmente entre dos temas con intervalos pautados resetea nuestra manera de pensar estos temas y nos permite mirarlos desde nuevos ángulos.

Hicieron un segundo estudio en el que se enfocaron en ideación creativa. En ese experimento, no se buscaban respuestas correctas, sino aumentar la creatividad, y el resultado fue el mismo. Un hallazgo del estudio es que las personas tenemos dificultad en identificar el momento en el que el pensamiento rígido se adueña de nosotros. En este caso, los participantes de un brainstorming que no saltaron de una idea hacia otra y se quedaron rumiando por horas las mismas ideas construyeron soluciones muy similares a las que venían construyendo dos horas atrás. Quienes respetaron un tiempo propuesto tuvieron resultados innovadores.

Otros estudios también apoyan la idea de que agendar tiempos de breve ocio entre las tareas aumenta la variedad de ideas. Entonces, entrar y salir a trabajar en las ideas con momentos de desconexión pautados es el arma secreta para dar con eso que buscamos. Agendar conscientemente breaks cuando estés trabajando en tareas que se benefician de un pensamiento creativo ayuda a lograr mejores resultados.

La propuesta de los investigadores es agendarlos como un tiempo más de trabajo, usando una alarma. Cuando el tiempo de trabajo creativo termina hay que parar y simplemente descansar o aprovechar para ordenar el lugar de trabajo, tomar un café o salir a estirar las piernas. Cuando el intervalo termine, volver al trabajo creativo. Cuando sacrificamos los breaks caemos en ideas redundantes. Y no sólo eso, entramos en una inercia de cansancio, mal humor y aburrimiento que resultan en un cóctel malo de digerir. Un modo de testear nuestro proceso de ideación es preguntarse si las nuevas ideas son realmente diferentes o mejores en calidad que las previas. Cuando la respuesta es negativa es cuando más se necesita el tiempo fuera.

Fuente: La Nación

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