Asistencia inteligente

Cómo aumentar el saber del ser humano a través de sistemas cognitivos

 

Imaginen que cuando llegan al trabajo tienen sentado junto a ustedes al mayor experto del mundo de su industria, que, además, entiende las cuestiones específicas de su rol dentro de su compañía determinada, en su país y cultura determinada. Al que le pueden hacer consultas de manera coloquial y hasta sabe, por su tono de voz y uso de palabras, si están con problemas o si acaban de tener una idea genial.

Esta es la promesa de la Inteligencia Artificial -IA, programas diseñados para realizar operaciones que se consideran propias de la inteligencia humana- aplicada a las profesiones para darle un nuevo sentido a nuestros roles dentro de las organizaciones. Muchas tendencias de este campo se presentraron IBM World of Watson 2016, en Las Vegas, ante más de 17.000 asistentes.

Un concepto novedoso fue el de pasar de hablar de Inteligencia Artificial a Asistencia Inteligente, que aumenta el saber humano a través de sistemas cognitivos. Estos buscan comprender al profesional en sus necesidades de información e interpretación de datos, pero también tienen en cuenta tanto sus emociones y contexto como el de sus clientes.

Una de las profesiones en las que más avances se han hecho es la medicina, donde, según Ginny Remetty, CEO global de IBM, dentro de cinco años no habrá médicos que no consulten a Watson o a alguna IA para elaborar un diagnóstico complejo. El poder de cómputo e interrelación de datos a prioridesconectados ya ha permitido dar con diagnósticos tempranos que salvaron vidas. Pero la potencia de la IA está permeando cada industria. Ya existen soluciones cognitivas para profesionales en recursos humanos, marketing, comercios, educación y servicios financieros, entre otras.

Estas soluciones aprenden en forma experta, algo que es crítico para los profesionales que necesitan descubrir insights ocultos en su masiva cantidad de datos, para entender, razonar y aprender sobre sus clientes, pacientes, alumnos. ¿Recuerdan Matrix, cuando Trinity se descargaba programas para aprender a pilotear un avión y en segundos era una experta? Bueno, sin necesidad de tener un enchufe en la nuca (menos mal) docentes, abogados, analistas de seguros, artistas podrán aumentar sus conocimientos y experiencia existentes al consultar a estos sistemas cognitivos, sin involucrar a un analista o experto externo. Esto da más poder para tomar decisiones informadas, cambia la calidad de las tareas de operativas a más cognitivas, permite vislumbrar oportunidades y tomar acción con confianza.

En el terreno del marketing, por ejemplo, vienen experiencias realmente distintas. Con el uso de IA se puede aprovechar una variedad de datos de comportamiento para comprender a los clientes y descubrir y crear públicos objetivos. La IA razona continuamente, procesando nuevos datos y modelos de conducta para que los profesionales puedan adaptar su segmentación de clientes rápidamente de acuerdo a los últimos modelos de comportamiento de los consumidores, a través de visualizaciones y representaciones en lenguaje natural. Suena bastante más divertido y desafiante que pasar meses haciendo un relevamiento de mercado.

Las empresas necesitan hoy aplicaciones y servicios de productividad con capacidades cognitivas, que digitalizan el contenido, las conversaciones y los flujos de trabajo para darles poder a sus empleados con la posibilidad de encontrar, conectar y trabajar con los expertos correctos; acelerar el acceso a contenidos y conocimientos relevantes, y proporcionar el tiempo y espacio para trabajar en forma más simple y coordinada. Si la promesa de los sistemas de Asistencia Inteligente se cumple, podremos transformarnos en expertos en cuestión de segundos y realizar actividades más creativas y de mayor valor. Porque, quién no quiere, como Trinity, ser un superhéroe en lo suyo?

¿Cómo usamos el dinero?

Claves para tener un registro correcto y planificar su uso de la manera más eficiente

El dinero interviene en nuestras vidas diarias de una manera casi constante. La plata que ganamos y gastamos es una fuente rica de datos sobre cómo vivimos qué se puede medir y procesar. Y con esa información tomar decisiones que nos ayuden a tener un mayor equilibrio y hasta beneficios que no conocíamos. Como no soy la más ordenada del mundo con el tema, hablé con el economista Ezequiel Baum, fundador de la consultora Trainer Financiero y autor del libro Ordená tu economía (Aguilar), pensado para mejorar la forma en la que nos manejamos con el dinero, para orientarme y tener un mejor registro y uso. Estos fueron los cuatro consejos para llevar a la práctica:

  • Conocer mi costo de vida. La mayoría de las decisiones económicas que configuran nuestro estilo de vida son inconscientes o impulsivas. “Este relevamiento puede ser tedioso como el conteo de calorías, pero nos invita no sólo a reflexionar si todo eso en lo que gastamos nos sirve (o nos hace felices), sino también si es posible obtener esos bienes y servicios a mejores precios o cambiar hábitos para tener un presupuesto más equilibrado”, explica. Si sumamos para un período determinado el valor de todo eso, conoceremos cuánto nos cuesta vivir y podremos evaluar si es posible vivir igual de bien más barato o gastar lo mismo y vivir mejor.
  • Contar con un presupuesto personal para orientarnos. Si nuestros ingresos tienen un número concreto, nuestros gastos, en teoría, no deberían salirse demasiado de esa órbita. En economía lo llaman Restricción Presupuestaria. Sin embargo, sin una planificación prolija, gracias al acceso al endeudamiento que nos posibilitan las tarjetas de crédito, podemos elevar nuestro nivel de vida varias veces más por encima de nuestras posibilidades. El problema es saldar todo eso cuando llegue el resumen. “Si pagamos en muchas cuotas sin interés motivados por vivir cada día al límite, lo más probable es que apilemos cuotas más allá de nuestra capacidad financiera. De ahí al pago mínimo hay un trecho muy corto”, explica.
  • El dinero quieto es un mal hábito. Muchos de nosotros tenemos dinero depositado en el banco o en casa sin que este tenga un destino claro. No se trata de una suma de dinero que podría funcionar como un Fondo de Reserva, sino plata que está perdiendo oportunidades. “Todo el dinero que tenemos puede generar algo de dinero extra si sabemos administrarlo, conocemos los riesgos y el momento en el que creemos que lo vamos a necesitar. Incluso el dinero que usamos a lo largo del mes, podemos colocarlo en fondos comunes de inversión súper líquidos y generar ingresos adicionales de corto plazo. En un mes puede parecer poco, en un año puede ser una diferencia muy interesante y gratis”.
  • Cultivar el hábito de la registración. Saber cuánto ganamos y cuánto gastamos en un período determinado nos puede dar un dato fundamental: saber cuánto podemos ahorrar. En la medida que seamos minuciosos y no subestimemos gastos hormiga (que en el día a día parecen mínimos pero que en un año pueden sumar miles de pesos) vamos a identificar cuánto de nuestro ingreso anual puede ser usado para objetivos de más largo plazo como cambiar el auto, mudarnos o juntar dinero para un emprendimiento. “Si orientamos nuestros esfuerzos de ahorro para alcanzar una meta que tiene un precio (o simplemente queremos ahorrar una cifra) vamos a poder darle seguimiento al impacto que tienen nuestros gastos en la posibilidad de alcanzar más temprano (o más tarde) ese objetivo”, cierra Baum. Bueno, tengo tarea en cada uno de los cuatro puntos, orden, registro, pensar qué hacer con un pequeño ahorro y armado de presupuesto. Manos a la billetera.

Red Hat forum, hacia un ADN innovador

En el marco del Red Hat Forum 2016, tuve la posibilidad de entrevistar a Santiago Lange y de moderar el panel de TELCOS. También de compartir algunas ideas sobre cómo son los líderes de empresas innovadoras ante más de 1000 personas que siguieron muy atentos y con aplausos interminables las historias de Santiago Lange y el discurso de Henoch Aguiar, entre muchas otras emociones. Fue una gran desafío que preparé por meses, valió mucho la pena, gran equipo.

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El síndrome del impostor

Cómo evitar la sensación de “no estar a la altura” de lo que se espera de nosotros

“Es cuestión de días. Cuando tenga que dar la presentación se van a dar cuenta de que no entiendo el trabajo. No tengo la experiencia del resto de la gente del equipo. ¿Cómo no lo notaron al contratarme?” Con diálogos internos parecidos a estos convivo desde que empecé a trabajar hace 17 años, y es un sentimiento bastante paralizante que, paradójicamente, no disminuye mientras se gana en experiencia.

Como sólo podemos saber lo que pasa por nuestra cabeza pero no por la de los demás, decidimos livianamente que esta certeza de no estar a la altura es sólo nuestra, mientras comparamos nuestro razonamiento interior con lo que los demás muestran en su exterior. Esta sensación de estar engañando a todos los que nos rodean fue identificada en los años 70 por la psicología con el nombre de “síndrome del impostor”. La actual hipercompetitividad en las empresas y todo tipo de trabajos dispara estos sentimientos entre artistas, maestros, músicos, cirujanos o empresarios exitosos, nadie zafa de esta angustia que le mete palos en la rueda a nuestra productividad.

Pero calma, que si se lo están cuestionando es bastante probable que no sean impostores.Para el psicólogo Miguel Espeche, coordinador del programa de salud mental del hospital Pirovano, lo mejor es percibir más lo que hacemos que lo creemos ser. “Muchas veces nuestras acciones son eficaces, son buenas y ése es un buen espejo para mirarnos y decidir si somos buenos. Pero se nos activa una memoria de nosotros antigua que, por lo general, viene de épocas de la infancia en la cual por alguna razón nos sentimos inadecuados”, explica, pero advierte que esto es sólo un sentimiento. “Es importante darnos cuenta de que es una evocación y no una percepción de lo que somos, que lo que nos define es lo que hacemos.”

Según la doctora en Psicología Valerie Young, autora de Why Capable People Suffer from the Impostor Syndrome and How to Thrive in Spite of It, las mujeres somos más proclives a sentirlo, probablemente por un estereotipo machista que pone las competencias profesionales más en duda. Y que las cosas salgan bien no alivia el sentimiento. Cuanta más experiencia adquirimos, a esferas más altas de nuestra industria llegamos, pisando siempre en terrenos nuevos en los que nos sentimos extranjeros todo el tiempo.

En equipos de trabajo donde hay buena fe y un ambiente cuidado donde uno puede exponerse, los especialistas recomiendan compartir esta sensación de manea casi lúdica. “Todos a veces estamos sorprendidos de estar jugando en primera, poder decirlo en confianza y saber cómo le pasa esto a cada uno puede ser algo beneficioso para uno y para el equipo”, recomienda el psicólogo. Esa darnos cuenta de que muchas veces nos definimos y definimos a los demás desde los sentimientos. “Nos identificamos desde ellos y es un error, este es sólo un aspecto de la cuestión, pero es más importante lo que hacemos y también lo que los otros hoy ven de nosotros , aquellos que nos tienen en estima y de buena fe.”

Otra idea que alimenta al síndrome del impostor es la necesidad que tenemos de pensar que hay alguien a cargo con verdadero expertise, más cuando se trata de temas de medicina, leyes o gobierno. No soportamos la idea de que todos sean personas erráticas y con contradicciones como nosotros. Espeche recomienda desdramatizar el sentimiento y compartirlo: “Puede ser hasta divertido escuchar cómo siente cada uno que es Cenicienta y cómo cree que se sentirá cuando lleguen las 12. Pero lo importante es quedarse con que a las 12 el príncipe eligió quedarse, valoró otras cosas que no tenían que ver con la apariencia”.

Charla de Innovación para CEOS de la industria de la salud Latam.

El viernes tuve la posibilidad de conversar con 40 dueños, CEOS, gerentes de las pples. instituciones de salud privadas de Latam en el marco del evento anual Núcleo de Valor de la compañía Bionexo. Vimos obstáculos y amplificadores para innovar como organización con foco en los procesos y las personas. Gran desafío y gran experiencia, gracias Pablo Andrada por la confianza y la oportunidad.

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El efecto dominó: la adquisición de buenos hábitos puede generar una reacción en cadena

Luego de dormir ocho horas Laura se levantó energizada. Salió a correr, de regreso en casa preparó su desayuno favorito y sacó sus pendientes más complejos antes de las 11 de la mañana. Luego se dedicó a tareas más operativas y a resolver temas de la casa. Por la tarde trabajó un par de horas más y decidió leer por placer una hora antes de ir a buscar a sus hijos al colegio. La semana pasada, en cambio, la había arrancado distinta. El lunes durmió poco por un trabajo atrasado, se quedó dormida. No fue a correr porque se sentía físicamente agotada. Desayunó las galletitas que dejaron los chicos y no se movió de la silla por horas alienada por la cantidad de pendientes, aunque no logró resolver ni uno en su totalidad, su ansiedad la tuvo saltando de uno a otro hasta la cinco de la tarde con poca energía para el resto del día.

¿Les suena familiar? Muchos días suelen presentarse como una concatenación de actividades que dependen entre sí más de lo que creemos. James Clear, autor deChange Your Habits, the Science to Stick to Good Habits and Break Bad Ones, habla del efecto dominó. Para Clear, el movimiento de una pieza hace toda la diferencia de cómo se mueven las demás. Es bastante fácil encontrar este tipo de patrones en nuestra vida. En mi caso, las mañanas que salgo a correr almuerzo más liviano, o cuando ordeno mi habitación, por lo general tomo envión y sigo por alguna cajonera del baño o de la cocina. Pasa, ¿no?

Un estudio de la Universidad Northwestern de Ohio encontró que cuando las personas reducían su tiempo de ocio sedentario al día, también se reducía su ingesta de calorías. En el estudio no se les dijo a los participantes que coman menos, pero sus hábitos nutricionales mejoraron como un efecto colateral de ponerse en movimiento y abandonar el sofá. Un hábito generó el otro. El efecto dominó no sólo crea una cascada de nuevos hábitos, sino también un cambio en la propia percepción que tenemos de nosotros mismos. A medida que caen las piezas, una tras otra, vamos creyendo en nuevas características propias y creando hábitos que se basan en nuestra identidad.

Según BJ Fogg, especialista en cambio de comportamiento humano de la Universidad de Stanford, cuando nos comprometemos con una meta, por más pequeña que sea, tendemos a cumplirla porque la vemos alineada con “la persona que queremos ser” y la imagen que reflejamos. Pero atención, porque el efecto dominó se mantiene para los hábitos negativos. Los ejemplos son exactamente al revés como le pasó a Laura. No podemos nunca cambiar sólo un hábito para bien y para mal. “Nuestros comportamientos están siempre interconectados, cuando se cambia sólo uno, otros a su alrededor cambian a la vez”, dice Fogg.

Algunas ideas para tirar la primera pieza:

1. Empezar con una actividad que genere cierta motivación. Que sea algo pequeño y repetirlo consistentemente todos los días. No importa si es trascendental o mínimo. Puede ser mandar un mail importante, sacar la basura, arreglar el auto, 20 minutos de ejercicio, 10 de meditación, teñirse el pelo, llamar por teléfono a la mamá.

2. Mientras dura el envión de la primera actividad saltar rápidamente a la siguiente que genere motivación o esté en dirección a una meta. Repetirlas durante varios días, semanas.

3. Si la voluntad se empieza a quebrar, intentar partir la actividad en tareas menores.Chico y manejable debe ser el mantra para poder avanzar.

No hay que tirar las 28 piezas del dominó. El efecto dominó se trata del transitar y hacer evidente el progreso durante el proceso, y no en los resultados finales. Piensen en una sola pieza que el resto se caen solas.

Trampolines v. esponjas: la capacidad de escucha requiere participación con preguntas constructivas

Levante la mano el que se considere una persona que sabe escuchar a los demás. ¿Y el que cree que conduce su auto mejor que el promedio? Dicen los que estudian la economía del comportamiento que sobreestimamos nuestro modo de oír lo que los demás tienen para contarnos casi tanto como nuestra destreza detrás del volante. En ambos casos creemos que estamos por encima de la media. Hasta ahora, la mayoría de los consejos del mundo del management sobre las habilidades de escucha recomiendan no interrumpir mientras el otro expresa su idea, asentir con sonidos o expresiones faciales y parafrasear al que habla demostrando que se sigue su discurso. Sin embargo, nuevas investigaciones dejan a estos hábitos rengos ya que pocas veces describen a los verdaderos paladines de la escucha activa.

Jack Zenger y Joseph Folkman, CEO y presidente de la consultora Zenger Folkman dedicada al management, realizaron una investigación sobre la opinión de 3500 ejecutivos durante una capacitación en desarrollo de habilidades de coaching. Los asistentes eran evaluados por otros colegas en todos los aspectos que se necesitan para ser un buen coach, donde uno fundamental es saber escuchar. Del total se eligió al 5 por ciento señalado como los mejores en la escucha y se analizaron sus características.

Los hallazgos del estudio: una buena escucha es más que quedarse callado mientras el otro habla. Fueron mejor considerados los que hacían preguntas de una manera constructiva y disparaban nuevas ideas. Estos líderes promovían un diálogo de ida y vuelta, contra la tradicional idea del que habla versus el que escucha. La buena escucha incluye interacciones que construyen la autoestima del que recibe las preguntas, y genera una experiencia positiva de ambas partes. Se identificó como mejores “oyentes” a los que promovían una conversación cooperativa, y de “malos oyentes” a los competitivos, que buscaban errores y que aprovechaban silencios para preparar su respuesta.

Según Zenker y Folkman, en un ambiente de buena escucha hay lugar para el desacuerdo, pero el que habla siente que el que escucha está tratando de ayudar y no de ganar un argumento. Porque hace sugerencias y abre perspectivas a considerar, sin tratar de imponer pensamientos.

Amplificar a los demás. Los autores usan esta metáfora para contraponer tipos de receptores: esponjas versus trampolines. Como esponjas absorbemos lo que escuchamos, en silencio y soledad, lo que nos gusta y lo que no, y eso sólo nos “engorda” a nosotros. Como trampolines, somos plataformas en las que las ideas de los demás pueden saltar, balancearse, cambiar la perspectiva, tomar envión y enriquecerse. No todas las conversaciones requieren la misma atención y escucha. Los autores discriminan seis niveles: el primero, crear el ambiente para exponer ideas que presenten dificultades y temas complejos con libertad. Segundo, el que escucha elimina las distracciones externas para ponerse al servicio del que habla. Tercero, el que escucha se esfuerza por comprender la esencia del mensaje.

Luego proponen tres niveles de mayor profundidad. En el primero se observan y analizan las pistas del lenguaje no verbal del que habla, luego se busca empatizar con las emociones que transmite en su discurso sin juzgar y se ofrecen preguntas para clarificar y desafiar suposiciones de otros que den lugar a nuevas ideas, pero en ningún caso se intenta boicotear la conversación.

Me encantó la idea de ser un trampolín en la escucha para los demás. Dar energía, ser plataforma de lanzamiento para tomar impulso, ganar altura y ayudar a ampliar la mirada del otro antes de la zambullida.