Marcos Galperín: “Tenemos que construir una sociedad mejor”

El referente del e-commerce en el país y fundador de Mercado Libre, uno de los 50 sitios más visitados del mundo, habla de democratización digital y de un futuro basado en la tolerancia y el esfuerzo. “Está todo por hacerse”, asegura

Pasillos amplios y de vista abierta, paredes grafiteadas street style, muebles de madera y sillones mullidos, todo convive con una armonía fresca en las oficinas de Mercado Libre en Vicente López, en la línea invisible que divide el conurbano norte de la Ciudad de Buenos Aires. En las paredes blancas hay dibujos en azul y amarillo de ese insólito universo de productos y servicios que se encuentran en la plataforma: una bici y un labial, una casa y una planchita de pelo. Asoman pequeños grupos de empleados que se reúnen en las salas vidriadas. Algunos rodeando un teléfono que trae las voces en inglés desde otro punto del continente, otros en mesas largas y con un proyector. En otra está Marcos Galperín, el fundador de Mercado Libre, terminando un encuentro.

-¿Tiene azúcar? -pregunta al salir por un café que le acercan y saluda antes de cruzar todo el piso para alcanzar la cocina, un espacio con canastas de frutas y heladeras con bebidas y snacks, un Disney para los golosos.

Galperín es hijo de una familia productora de cueros de renombre global, estudió en San Andrés y fue empleado en YPF y JP Morgan antes de pasar al mundo emprendedor. Su maestría en la Universidad de Stanford, Estados Unidos, fue en 1999, cuando internet y el comercio electrónico comenzaban a saltar fronteras y meterse lentamente en la vida diaria de las personas. Como otros, tiene su anécdota de startup tech de garaje al estilo Apple. Un día logró llevar en el auto a un profesor suyo (e importante inversionista de Silicon Valley) al aeropuerto y contarle sobre Mercado Libre; así logró un “me encanta su idea, avíseme si necesita dinero”.

A 16 años de su nacimiento, su compañía es una de las principales del país y la región. Está entre las 50 páginas web del mundo más visitadas y ofrece a sus más de 166 millones de usuarios un ecosistema de servicios digitales: el sitio de comercio electrónico, avisos clasificados, una solución de pagos, locales virtuales para tiendas y su servicio de logística, entre otros. Con presencia en 20 países, las transacciones en Mercado Libre representan el 0,6 del PBI en la Argentina.

De porte relajado, tono tranquilo y mirada sostenida, Galperín se abre a la charla. Es el cuarto de cinco hermanos y coach del equipo de rugby de su hijo en San Andrés. Está casado hace 16 años con Karina, con quien tiene tres hijos, de 9, 13 y 15 años. Es muy reservado con sus cuestiones personales, siempre prefiere centrarse en las historias que pasan a través de su plataforma, a ellas vuelve cada vez que puede. “Estamos en un momento muy interesante, creo que hicimos todas las partes difíciles del nacimiento de una empresa, pero por otro lado me siento como si estuviésemos en el ’99 otra vez, porque está todo por hacerse”, comienza.

Aunque cada vez más argentinos se animan a las compras online (unos 17 millones ya lo hacen), el comercio electrónico sigue siendo chico en la vida cotidiana…

Incluso en la mía, todavía muchas de mis compras no las hago en la plataforma. En 20 años eso va a ser muy distinto. El 90% de las compras van a ser digitales.

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¿En 20 o antes?

Es que no depende sólo de la tecnología. Una de las cosas que aprendí en estos 15 años es que las intuiciones basadas en datos reales terminan ocurriendo, e incluso más fuerte de lo esperado, pero también que tardan mucho en pasar. Mirá el ejemplo de las energías renovables o de los autos eléctricos. Todos sabemos que van a cambiar el mundo. Los autos están calificados como los mejores autos en todos los niveles posibles y, sin embargo, este año quizá se lleguen a fabricar unos 300.000. Al comercio electrónico le pasa algo parecido, es obvio que es mejor, más eficiente, que democratiza y da posibilidades más parejas. No te olvides que, por ejemplo, el primer shopping en el país fuera de la Capital fue en Rosario en 2001.

¿Utilizar el comercio electrónico es democratizar el comercio?

Es súper democratizador del lado del comprador y también del lado del vendedor, que puede vender y distribuir en todo el país, aceptar todos los medios de pago, ofrecer financiamiento como si fuesen Walmart o Carrefour. Lo puede hacer un fabricante de muebles de Lanús, un carpintero de Bella Vista o un tipo que da clases de tenis. Hoy, el comercio electrónico sigue siendo en la vida diaria de la gente pequeño y va a ser enorme.

En 2016, el presidente Mauricio Macri eligió a Mercado Libre para dar un discurso sobre la importancia del ecosistema emprededor local, en el marco de un anuncio de la empresa de creación de 5000 puestos de trabajo nuevos en los próximos cinco años. Además, Galperín forma parte del Comité de Innovación de la Ciudad de Buenos Aires.

¿Qué cambió desde 2016 para ustedes como compañía?

Sentirnos que este Gobierno aprecia lo que hacemos y que si necesitan ayuda de nosotros, nos la pide. Antes sentíamos absoluta indiferencia, lo cual no nos molestaba, pero creo que las pocas veces que tuvimos que interactuar fue sentir hostilidad. Nosotros, encantados de ayudar con todo lo que podamos, porque la verdad es que lo que queremos todos es tener un país donde todos vivamos mejor, más allá de las distintas posiciones ideológicas.

Dijiste que a los 45 años te retirabas. Ya los tenés.

Ah, ese es un tema. Tuve un poco de crisis de mid-life (risas), pero a mí me encanta lo que hago, no me veo haciendo nada en el mundo privado que no sea lo que estoy haciendo. Todas las semanas me junto con emprendedores e invierto en muchos proyectos y, honestamente, nunca hasta ahora me ha pasado de ver un emprendimiento que diga esto puede llegar a ser más grande que un Mercado Libre. Tenemos tantas posibilidades de crecer que me encanta. Y, además, tenemos muchos usuarios que ya nos conocen y están dispuestos a probar esta tecnología nueva que vamos proponiendo.

¿Creés que la tecnología puede resolver los grandes problemas de la humanidad?

Los grandes problemas de la humanidad, al final del día, somos nosotros mismos y eso la tecnología no lo resuelve. Creo que esos van a seguir sucediendo, son los problemas de celos, de poder, de envidias, de malentendidos, prejuicios.

Este momento de tecnologías exponenciales, ¿pensás que éstas tendrán un rol para que el agua sea potable, para todos, y que se pueda palear el hambre?

Ya se producen alimentos como para que no exista el hambre. De hecho, en la Argentina se producen alimentos como para 400 millones de personas y no podemos alimentar a los 40 que somos. El tema es cómo se distribuye, cómo se dan los incentivos correctos. En los Estados Unidos se está discutiendo el ingreso mínimo, si las máquinas van a empezar a producir todo, y eso yo sí creo que puede pasar, que los robots nos saquen mucho trabajo y entonces, ¿qué vamos a hacer? Y no hagamos nada: que hagan nuestro trabajo los robots y repartamos el dinero.

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Porque también está la política y están los intereses…

Exactamente, igual que con los autos eléctricos. Cómo las sociedades se organizan. No es solamente que tenés que hacer fábricas enormes de autos eléctricos, tenés que hacer toda una disrupción al sistema de distribución de gasolina y combustibles. Hay muchísimos intereses creados, muchísimas empresas haciendo lobby. Y a la sociedad los cambios le cuesta mucho, porque los cambios son dolorosos aunque tengan un resultado totalmente positivo, hay sectores que van a perder.

¿Qué no te gusta de tu trabajo?

Por suerte tengo un gran equipo y muchas de las cosas que no me divierten no las hago hace mucho. Es una de las razones por lo cual a los 45 no me retiré como había dicho que iba a hacer. No hago nada que no me divierta. Estoy muy cansado de viajar. Son muy divertidos los viajes, conferencias espectaculares, pero veo un avión o un aeropuerto y tengo ya una especie de cansancio físico y mental. Y la parte de hacer prensa y charlas (risas).

¿Hablar de vos te aburre o te incomoda?

No tengo problema de hablar de mí mismo si estoy con mis padres, con mis amigos, con mi familia, no necesito la validación de gente que no me conoce para sentirme bien conmigo.

Cuando te invitan a que cuentes tu historia, tiene que ver con lo aspiracional, la posibilidad.

Y por eso lo hago. Porque creo que es casi una responsabilidad, por suerte Mercado Libre alcanzó un lugar tan importante que tengo la responsabilidad de contarlo. Además, en un país como el nuestro, donde lamentablemente en los últimos años hubo pocos casos así y muchos casos opuestos, donde gente realmente sin haber hecho las cosas bien construyó cosas muy grandes, sin haber tomado riesgos de negocios… Creo que está bueno contar que uno puede ir a la universidad, llevarle una idea como llevé yo a un inversionista en un aeropuerto, decirle “quiero hacer esto”, convencerlo, que el tipo te ponga dinero, que te apoye tu familia, salir adelante, tener 25 instancias donde casi nos morimos y estar acá. Creo que está bueno contarlo porque con muchas historias como esas se construyen los países y las sociedades. Viví muchos años afuera, y creo que tenemos que construir una sociedad mejor. No vivimos bien en la Argentina, hemos construido una sociedad donde todos viven mucho peor de lo que pueden vivir. Los que tienen dinero, los que no lo tienen. Todos vivimos mal.

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¿Con qué tiene que ver eso?

Con respetarnos más. Querernos más, tolerar más las diferencias que tenemos. Entender que alguien puede pensar de una manera, pero eso no implica que yo le tenga que cortar la calle a él o él me tenga que cortar la calle a mí, o que nos tengamos que agarrar a trompadas. Cuidar más el medio ambiente: el aire que se respira en la Ciudad de Buenos Aires y alrededores es muy malo. Cruzás el Río de la Plata y el cielo ya se ve celeste.

Extrañás Uruguay.

Extraño el cielo celeste, seguro.

PREGUNTAS DIRECTAS Y SUCULENTAS

Después de esta entrevista, el padre del e-commerce argentino tiene en su agenda una reunión mensual que mantiene con líderes de cada división de su compañía de toda América latina. La Nación revista accede a este encuentro del que participan varias docenas de ejecutivos y ejecutivas de manera presencial y por teleconferencia desde varios puntos de la región. Marcos llega a estas reuniones con temario abierto y una vez que todos están sentados, abre: “Bueno, empecemos, ustedes dirán”. Las preguntas empiezan tímidas y luego se amontonan. Son directas y suculentas. Sobre el avance de la competencia en México, sobre el crecimiento con dificultad en determinado producto, sobre la posibilidad remota de ser adquiridos por un gigante chino. Para cada una, Galperín tiene una respuesta calma, pero firme, donde no ahorra elogios ni críticas a sus propias apuestas.

En el país se reciben 8000 ingenieros por año, de los que Mercado Libre entrevista a unos 4000. “Obviamente, no contratamos sólo a gente que se acaba de recibir, pero te demuestra el desafío también que tiene la Argentina en producir más gente capacitada”, ejemplifica el hombre. En el lomo de su computadora tiene un sticker: Get that shit done, una expresión estadounidense bastante común en el mundo de sistemas, que es algo así como resolvé esa porquería como sea. Menos blablablá y más laburo.

Has dicho muchas veces que creés en la cultura del error. Y se escucha mucho en el mundo del desarrollo el concepto de Lean Startup, de fracasar rápido. ¿Cómo se trabaja así?

Hay que tener cuidado con eso, porque a veces se malinterpreta. Veo muchos emprendedores que prueban algo, no funciona y dicen: “No, fracasar rápido, ya probemos otra cosa”. Todo lo que hemos hecho nosotros fue por perseverar. Nada de lo que lo hicimos salió bien de una. Nada. De hecho, en Mercado Libre tardamos siete años en ser rentables. En todo lo que hemos hecho al principio, fracasamos, y nos cuesta muchísimo. Yo leía los libros de la historia de eBay, Facebook, Google, y decís: “Wow, estos pibes deben ser buenísimos”. Nosotros perseveramos y corregimos hasta que sale.

¿Para innovar hay que intentar cosas que sabés que no van a salir?

Claro. Acá no se crucifica a nadie cuando algo no funciona y tampoco se endiosa a nadie por algo que salió bárbaro. Cuando ponés mucho incentivo en ejecutar después no podés castigar si las cosas salen mal. Nosotros privilegiamos el hacer.

Kevin Kelly, uno de los fundadores de la revista Wired, dice que vamos a la “desmaterialización” de todo. Para la nuevas generaciones ya no es tan importante tener, sino acceder. ¿Qué opinás de esto y cómo juega Mercado Libre en ese futuro?

Obvio, lo comparto plenamente. Tengo amigos y familiares que viven en los Estados Unidos que ya no compran autos, ni los tienen. A mis sobrinos que estudian ahí ni se les ocurre gastar en seguro, patente, el trámite de sacar el registro, etcétera. Si está Uber o… Y para comprar o alquilar o acceder a cosas, la parte de logística va a ser fundamental. Creo que cuando nosotros tengamos la parte de logística bien atada, la gente se va a comprar la leche por Mercado Libre o los tomates y los van a tener en pocas horas en su casa.

¿Las cosas de todos los días se van a comprar por internet?

Definitivamente. Y de hecho, no estamos lejos de que vos programes y digas: “Mirá, quiero tanto pañales una vez por mes, quiero la comida del perro una vez por semana, etcétera”. Eso este año lo vas a tener, pero creo que el gran cambio será cuando puedas pedir “quiero que me traigan los tomates de tal granja entre las 14 y las 15 horas y que lleguen fríos a tal dirección”. Ahí es cuando el comercio pasará a ser 90% digital.

El comercio electrónico tuvo históricamente dos grandes obstáculos, desde su concepción: la parte de pagos y la de logística. Son esas dos unidades, a través de sus productos MercadoEnvíos y MercadoPago, a las que el ejecutivo pone un pleno para los próximos años. “Mercadopago se ha convertido en el mayor medio de pagos digital en toda América latina y pronto, además, será una plataforma de créditos que hasta los bancos podrán utilizar. No nos interesa ser un banco, pero sí un vehículo para conectar”, describe. El otro tema a superar es la logística. “Todo lo que podamos trabajar con socios, lo haremos con ellos. En México trabajamos con DHL y FedEx, el 82% de los productos que entregamos en todo México, no importa dónde esté el vendedor, no importa dónde esté el comprador, se entrega en 24 horas. Lamentablemente, no es la situación argentina, donde la logística es muy cara e ineficiente. Creo que no tenemos el nivel de profesionalismo. Así que creo que hay mucho camino por recorrer en el país.

¿Cómo es trabajar con chicos que nacieron con internet?

Un poco deprimente (risas) porque cuando empecé, me sentía uno de ellos. Me encanta, me da mucha energía, me mantiene actualizado. Tampoco me molesta trabajar con gente más grande, no lo pienso mucho, pero el promedio de edad es de 27 y 28 años.

Dicen los que trabajan en Mercado Libre que sos de andar por las oficinas, tarde, meterte en una charla de desarrolladores, parar la oreja… ¿Qué buscás ahí?

A mí lo que me encanta es eso, no llegamos a hablar de lo que me gusta.

Bueno, hablemos de lo que te gusta.

Me gusta hablar con los ingenieros, la gente de productos que está haciendo, creando algún producto nuevo y meterme. Meterme en tratar de entenderlo bien, dar mi opinión. Interactuar y enfocarnos en las discusiones en el hacer y en el crear. Y no tanto después en el ir hacia afuera y contar lo que hicimos.

¿Qué es lo que viene de ellos?

No soy de los que opinan que esta generación no se compromete, no les gusta trabajar. Creo que al final del día somos todos bastantes parecidos. Sí hay trabajos interesantes, que te dan autonomía, y también gente a la que siempre le gustó trabajar y gente a la que no. Buscamos que sean emprendedores, estamos todo el tiempo tratando de crear cosas que no existen, gente que no se dé por vencida. Cada uno puede trabajar desde donde quiera, en lo que nos enfocamos es en los proyectos.

En febrero de 2016 volviste a la Argentina luego de 14 años en Uruguay. ¿Cómo es tu rutina de trabajo acá para que el día te rinda?

Diseño todo mi día para no pasarme 2/3 horas en el auto. Entonces trabajo a la mañana desde mi casa, trato de no subirme a la Panamericana antes de las 10. Y trato de volver temprano, cosa que no me pase lo mismo. Trabajo a la mañana y a la noche desde mi casa y también entreno al equipo de rugby de mi hijo, así que dos veces por semana estoy ahí.

Dentro de sus rutinas de ejercicio corre tres veces por semana y hace meditación junto con su mujer, hábito que adquirió al volver de Uruguay. Para meditar, usa las apps Headspace y Calm.

Dijiste que en el mundo privado no te ves en otra cosa. ¿Y en la función pública?

La verdad es que no sé. A mí lo que me encanta del mundo privado es que cuando queremos hacer algo, vamos y lo hacemos. Y las discusiones están todas centradas en el hacer. Y desde afuera uno percibe que en la función pública el hacer es muy secundario, está todo mucho más relacionado con el decir, las percepciones y los juegos de influencia y de manipulación, y muy poco respecto del hacer. Conozco gente que le gusta la política, le gusta la rosca, ir a reuniones y charlar y charlar, y salís y “¿qué hicieron?” “No, nada.” Creo que en esas reuniones duro cinco segundos.

¿Entonces?

Habiendo dicho eso, creo que el gran problema histórico que tuvo la Argentina es que todos nos dedicamos a lo nuestro y nadie se dedicó a lo público. Durante décadas, la gente menos capacitada manejó el país y creo que ese ha sido el gran problema del país. Me encantaría vivir en un país donde el que se fue a vivir afuera, no fue por necesidad, sino porque… no sé, lo optó por alguna cosa. Así que bueno, no sé. Respuesta abierta.

 

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